viernes, 18 de febrero de 2011

Derchos humanos de los muertos


Teherán, mediados del siglo xix, la corte del sha atraviesa por momentos convulsos entre conjuras e intrigas de palacio. Todo bajo la atenta mirada de la reina madre. En medio de este tenso ambiente sobreviene un hecho que va a alterar aún más los difíciles equilibrios del poder: la súbita e inesperada aparición de una mujer cuyas ideas, consideradas subversivas y heréticas, recorren todo el país como la pólvora. Bahiyyih Nakhjavani nos cuenta en La mujer que leía demasiado la historia, trascendida por la ficción, de la poetisa y teóloga iraní Tahirih Qurratu’l-Ayn. Inteligente, hermosa, erudita y dotada de una gran elocuencia, fue la primera mujer en su época y en su país que proclamó la dignidad femenina, proponiéndose alfabetizar a las mujeres y atreviéndose a quitarse el velo. Puso en riesgo su vida, enfrentándose a los poderes seculares y religiosos a los que acorraló con sus conocimientos de los textos sagrados. Fascinante tanto para sus seguidores como para sus detractores, admirada por diplomáticos y viajeros que escribieron sobre ella, fue condenada por su rebeldía y murió estrangulada en Teherán, en 1852. Acabó convirtiéndose en leyenda. Con una prosa brillante y atractiva, Bahiyyih Nakhjavani entrecruza sutilmente en esta narración los hilos de la historia, la religión, el arte y la condición femenina. A través del marco de una novela histórica, la autora britanoiraní aborda un tema tan universal y de tan máxima actualidad como es el de la libertad de expresión (continúa...) y los derechos de la mujer en contraposición a los poderes políticos y a los dogmas religiosos. La mujer que leía demasiado es un homenaje al valor y ejemplo de Tahirih Qurratu’l-Ayn y al de todas las mujeres que siguieron y siguen su ejemplo en aquellas tierras.
Hay en el cementerio de la ciudad de Qazvin una lápida cuya talla representa la terrible escena del asesinatode un ulema orante a quien un enmascarado apuñala por la espalda. Detrás de él, medio oculta por una cortina, una mujer lo observa todo. Lleva en la mano una hoja de papel, la prueba acusatoria de que sabe leer

Esta obra está dedicada a la memoria de una mujer persa del siglo xix que a pesar de aparecer en una lápida nunca mereció el honor de un epitafio. Es un tributo a Tahirih Qurratu’l-Ayn, cuya vida adelantada a su tiempo y cuyos años finales, transcurridos en una cárcel de Teherán desde
1847 hasta 1852, inspiran la narración. Pero es también un memento mori de varios hombres notables de la historia de Kayar: un monarca, un alguacil, un gran visir y el propio ulema asesinado, que yace aún bajo esa lápida. Recupera en sentido inverso una historia enterrada que abarca desde el asesinato del sha Nasiru’d-Din en 1896 hasta el primer atentado contra su vida en 1852.

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