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domingo, 10 de febrero de 2013

Benito Muros

Benito Muros es el creador del movimiento SOP (Sin Obsolescencia Programada) cuenta en una entrevista en "la vanguardia" que las multinacionales hacen que los productos duren menos y se vendan más. El resultado es la explotación de los recursos de la Tierra y toneladas de residuos innecesarios que se están cargando el planeta.

Pero ahí está esa bombilla que lleva 111 años encendida en un parque de bomberos en Livermore (California). Decidí crear, junto con 22 ingenieros, una línea de iluminación aplicada a la tecnología led y contribuir a detener la locura de la obsolescencia programada.

Hay una decena de patentes de bombillas con más de 100.000 horas de uso (entre 60 y 70 años encendidas), pero nunca han llegado a salir al mercado. Hay una organización que controla a los fabricantes de bombillas; no es oficial, pero yo doy fe de que existe.

¿Por que se comercializa por internet? Las distribuidoras dicen que viven de las que se funden, y los grandes almacenes proponen duplicar su precio, a lo que nos hemos negado. Hemos tenido ofertas millonarias para no sacarla al mercado y amenazas de muerte, que están en manos de la policía.

¿Cuánto consume su bombilla? Ahorra un 92% respecto a las bombillas incandescentes y un 68,42% respecto a las de bajo consumo. En España, las compañías eléctricas tienen que fabricar 47 millones de megavatios al año que dan servicio a toda la industria. A la iluminación general se destinan siete millones de megavatios.

Lo que fabrican las ocho centrales nucleares activas en España.
Sí, pero no es suficiente, hay que importar entre 6 y 7 millones de megavatios de Francia.


Si utilizáramos una tecnología como la que propongo, nos los ahorraríamos. Estamos hablando de más de 20.000 millones de euros al año. Bombillas que emiten un 70% menos de CO2 a la atmósfera porque trabajan con muy pocos grados de temperatura.

¿Cuánto duraría una lavadora o un frigorífico sin obsolescencia programada?
Entre 40 y 70 años, pero hay que utilizar los componentes electrónicos y materiales adecuados.

¿Qué espera de él?
Que se unan fabricantes conscientes de que crisis de endeudamiento como la que vivimos son evitables, y que podemos detener el crimen ecológico y la injusticia que provoca: todas esas materias primas que se extraen del tercer mundo a precios reventados les son devueltas en forma de basura.

Eso roza la inmoralidad.
Cambiar la manera de fabricar supone un cambio socioeconómico. El sistema está diseñado para comprar y tirar, fabricar barato, en China, y comercializar en Europa.

Si acabamos con el crecer por crecer, ¿acabamos con el mercado?
Muchos economistas dicen que la única forma de crear empleo es a través del crecimiento. Falso. Si creas un producto que dura mucho, tendrás un mercado de segunda mano y florecerán negocios de reparación.

Y haremos un bien al planeta.
Cuando competimos para conquistar mercados internacionales consumimos petróleo de forma innecesaria. ¿Por qué importar electrodomésticos de Alemania si podemos hacerlos aquí? Eso encarece el producto y consumimos recursos innecesariamente.

¿Ha habido demandas?
Sí, un grupo de personas demandaron a Apple y ganaron al demostrar que sus iPod estaban fabricados con obsolescencia programada.

¿Ha servido de algo?
Prefieren pagar las demandas que dejar de fabricar con ese sistema. Las impresoras las programan introduciendo un chip contador: cuando llega un determinado número de copias deja de funcionar y comprar una nueva es más económico que repararla. Lo mismo ocurre con las calderas. De hecho, todos los componentes electrónicos los fabrican tres o cuatro empresas en el mundo.

¿Cómo desmontar esta locura del usar y tirar?
No serán los políticos, deben ser los ciudadanos quienes impulsen el cambio; pero no es tan difícil: tenemos las redes sociales y hemos de ponernos de acuerdo. ¡Intentémoslo al menos!

Qué es la OBSOLESCENCIA PROGRAMADA:

Se conoce como obsolescencia programada o planificada a la programación del fin de la vida útil de un producto para que se vuelva viejo, no funcional, inútil o inservible después de un tiempo de vida calculado de antemano por el fabricante durante su fase de diseño.

Un tema sobre el que es muy recomendable el documental de Cosima Dannoritzer Comprar, tirar, comprar.

jueves, 15 de marzo de 2012

Guillermo Fernández Maíllo



El objetivo para el miembro del gabinete de estudios y comunicación de Cáritas Guillermo Fernández Maíllo es "concienciar sobre el decrecimiento", una corriente que propugna que en los países ricos no hace falta crecer más, sino un periodo de "contracción económica voluntaria" que sirva para reconsiderar las necesidades humanas reales y para construir una sociedad "más justa, más participativa y ecológicamente sostenible".

Fernández Maíllo ha ocupado más de 25 años de su carrera profesional a mejorar las condiciones de los desfavorecidos, trabajando por el bienestar y la erradicación de la exclusión de los sectores de población más vulnerables.

Además, es coautor del informe 'Propuestas políticas de Cáritas Española ante los retos actuales de la situación social ' y ha estado vinculado profesionalmente al mundo del trabajo social, la sociología y a la dirección y gestión de organizaciones sociales, siempre dentro de Cáritas.

miércoles, 11 de enero de 2012

La velocidad destruye

Paul Virilio, intelectual francés, hijo de un comunista italiano refugiado, no niega sin embargo la validez de los progresos, sino que propone una suerte de reflexión sobre el tiempo, una filosofía política para pensar y controlar la velocidad. Hombre afable, de frases cortas y contundentes, Virilio acota que “la velocidad de las transmisiones reduce el mundo a proporciones ínfimas”, al tiempo que la rapidez reemplazó la uniformización de las opiniones por “la uniformización de las emociones”. Para Virilio, los conceptos de democracia y derechos humanos están en peligro. El uso actual de la tecnología conduce a una reactualización del totalitarismo. La velocidad es poder, poder de destrucción, poder que inhibe la posibilidad de pensar. En su último libro, La administración del miedo, el ensayista francés apunta hacia otro de los mecanismos de control político con que el poder gestiona las sociedades humanas: el miedo. Miedo a la bomba atómica, miedo al terrorismo, y el miedo verde, el temor ante el agotamiento de los recursos naturales y al desastre ecológico. Muchas de las ideas enunciadas por Paul Virilio casi a finales de los años ’70 se vieron repentinamente actualizadas con los atentados del 11 de septiembre. Las sociedades escatológicas anticipadas por el autor, la camisa de fuerza tecnológica que los Estados pusieron en los individuos, la velocidad como factor totalitario y adormecedor, la irreflexión de los medios y el flujo interrumpido de imágenes y emociones tan instantáneas como universales pasaron a formar parte de nuestra realidad. Televigilancia, trazabilidad de los individuos, control de la información, procedimiento de simulación de la realidad para tapar lo real no son ideas negras sino la luminosa realidad que nos encandila. Virilio propone un antídoto irónico: crear un “Ministerio del Tempo” para, como en la música, regular los ritmos de la vida.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Luis Picazo Casariego

Si algo tiene de bueno esta crisis, es que puede ser un magnífico laboratorio en el que se pongan en práctica comportamientos de consumo alternativos a un modelo económico de crecimiento continuo. Este modelo, fundamentado en un mecanismo simple de retroalimentación positiva crecimiento-consumo, unido al aumento sin freno de la población mundial, nos esta conduciendo a la depredación de los últimos recursos naturales y a una degradación masiva de la biosfera, todo ello sin solucionar la gran desigualdad en la distribución de la riqueza producida.

Frente a la inviabilidad de tal modelo, aparece la polémica alternativa del Decrecimiento, corriente de pensamiento inspirada en la obra del economista Nicholas Georgescu-Roegen y que está comenzando a popularizarse en una confusión de términos tales como decrecimiento sostenible, anti-productivismo, simplicidad voluntaria, huella ecológica o bioeconomía.

El meollo de la cuestión: la segunda ley de la termodinámica.


Muchas de las leyes de la física nos ayudan a construir modelos realistas en otras disciplinas. Es el caso de las leyes de la termodinámica que, como veremos, son fundamentales para la comprensión de la economía moderna.

La termodinámica tuvo su origen en el estudio de los cambios de determinados parámetros físicos, como temperatura, presión y volumen, en sistemas en los que se transfiere energía como calor y como trabajo. Sus dos principales leyes son:

- Primera Ley de la Termodinámica. Aunque su formulación real es mucho más compleja (al menos para mí) podemos identificar esta ley con el principio de la conservación de la energía, aquello de que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma.

- Segunda Ley de la Termodinámica . Para entender mejor esta ley, que es la que más nos interesa, imaginemos que ponemos en contacto dos cuerpos, uno caliente y otro frío. El que está más caliente cederá calor, energía, al que está más frío, y pasado un tiempo ambos tendrán la misma temperatura, conservándose la energía total del conjunto (primer principio). Si fuera al contrario, es decir, si pasara energía del más frío al más caliente, resultando el que estaba frío aún más frío y el que estaba caliente aún más caliente, también se conservaría la energía, sin violarse la primera ley. Pero esto es imposible porque se viola la segunda ley de la termodinámica, que ya intuimos de qué va: el flujo espontáneo de calor siempre es unidireccional, desde los cuerpos de mayor temperatura hacia los de menor temperatura, hasta lograr un equilibrio térmico. Para invertir este flujo habría que aplicar energía al sistema.

Esta ley supone la introducción de un concepto que preocupa sobremanera a los economistas, la entropía, que mide la parte de la energía que no puede utilizarse para producir trabajo. De forma simple, una formulación de esta ley podría decir que en un sistema aislado la variación de la entropía siempre aumenta. En nuestro anterior ejemplo, la entropía final del conjunto (los dos objetos habiendo alcanzado la misma temperatura) será mayor que la de los dos objetos por separado. Este aumento de la entropía equivale a un aumento de la energía que no es capaz de realizar un trabajo, o si se prefiere, a una disminución de la energía útil, aunque la energía total del sistema se conserva.

La entropía también se asocia al “desorden” de los sistemas. Según esta segunda ley, los sistemas aislados tienden inexorablemente al máximo desorden. Por ejemplo, cuando quemamos carbón su energía se transformará en calor, humo y cenizas, la energía se dispersa, obteniéndose un sistema más desordenado, de mayor entropía. O si vertemos tinta en el agua, esta se dispersará mezclándose con ella. Y por mucho que esperemos no habrá un reordenamiento (disminución de la entropía) en el que se separe espontaneamente la tinta del agua. Por lo tanto, todo sistema cerrado tiende a un estado de máximo desorden o entropía o, lo que es lo mismo, a una disminución de energía útil.

Si introducimos energía en el sistema, es decir, si deja de ser cerrado, podemos revertir el proceso entrópico. Por ejemplo, lo hacemos cuando encendemos la calefacción de nuestra casa en invierno para no quedarnos helados: si no lo hacemos, la temperatura de nuestro cuerpo, a causa del obstinado aumento de entropía, se igualará con la de la habitación que está más fría. Pero esto lo haremos a costa de aumentar la entropía en otro lugar. En este caso en una caldera que está quemando gas con el siguiente resultado: calentar agua para nuestra calefacción y producir un residuo en forma de CO2. Por lo tanto, cualquier cosa que se haga por disminuir la entropía en una parte de un sistema será a costa de aumentarla en otra. La energía invertida, para desesperación de los economistas, será en gran medida irrecuperable, a pesar de estar dispersa en algún parte.

Si nos guiáramos solamente por el primer principio de la termodinámica, que declara que la energía no se crea ni se destruye, podríamos pensar que el uso de la energía no reducirá la cantidad de energía que queda disponible para ser usada de nuevo. Pero ahora sabemos que, según la segunda ley de la termodinámica, siempre que se usa energía, la cantidad de energía útil que queda en el sistema disminuye.

No hay forma de invertir este proceso. Quemar un trozo de carbón cambia un recurso natural de baja entropía por un residuo de alta entropía que es mucho menos capaz de realizar un trabajo. Al hacerlo, hemos aumentado la entropía de nuestro sistema, el planeta tierra. Hemos disminuido su energía útil, capaz de producir trabajo. Y ahora una mala noticia: el proceso económico (la producción seguida de consumo) es altamente entrópico.

Antecedentes: de la revolución industrial a la pesadilla maltusiana.


A finales del siglo XVIII aparecieron las primeras maquinas de vapor, que iniciarían la revolución mecánica (proceso de invención mecánica y de descubrimiento), la cual caminaría paralelamente a la revolución industrial (que sustituye el trabajo manual por la división del trabajo y la fabricación en serie). Europa experimenta a partir de entonces las mayores transformaciones socioeconómicas y tecnológicas desde el Neolítico.

Inicialmente, la máquina de vapor se aplicó a la industria textil y más tarde al transporte con la aparición de la locomotora. A mediados del XIX se extendía ya por Europa una considerable red ferroviaria. Las distancias se redujeron a la décima parte de lo que habían sido y se posibilitaron obras administrativas diez veces más extensas. También se empiezan a generalizar los barcos de vapor y con ellos las travesías transatlánticas. Después vino el telégrafo y a mediados de siglo se tendía el primer cable submarino entre Francia e Inglaterra. En poco tiempo la inmediatez de las noticias se hizo realidad. Con el desarrollo de la industria siderometalúrgica el hombre adquirió la capacidad de trabajar enormes masas de acero y hierro en las fundiciones. El dominio sobre la materia cambiaría nuestro destino para siempre.

Todo esto sólo fue posible gracias a un cambio cualitativo y cuantitativo sin precedentes en el uso de la energía.

En el mundo antiguo la energía era básicamente humana, con una leve contribución de la tracción animal. Pero con la llegada de la revolución mecánica tuvo lugar un profundo cambio en el carácter de trabajo. Los seres humanos ya no eran necesarios como una simple fuente de energía. El trabajo mecánico empezaría a ser asumido por las máquinas, muchísimo mas rápidas. La civilización moderna que hoy conocemos se comenzó a edificar sobre la energía mecánica barata.

Esta energía que movía las máquinas fue inicialmente la biomasa. Cuando esta se agotó en las fundiciones de Inglaterra, se pasó al carbón mineral. A su vez se iba desarrollando el electromagnetismo y su aplicación al desarrollo de la luz, la tracción y la transmisión eléctricas. En una fase posterior vino el motor de explosión, y con él, el empleo a gran escala del petróleo y sus refinados como combustible, posibilitando la aparición de la automoción y la aviación, que volvieron a acortar aún mas las distancias en el planeta.

Había nacido la sociedad del hidrocarburo. Comienza la explotación a gran escala de millones de toneladas de combustibles fósiles originados por microorganismos fosilizados que habían condensado la energía del sol durante cientos de miles de años. La humanidad comenzó a vivir de un recurso que le permitió independizarse del flujo diario de energía solar. La consecuencia fue un desarrollo industrial masivo y una explosión demográfica exponencial en un cortísimo período de nuestra historia. Se impusieron con urgencia nuevos ajustes y adaptaciones de todos los sistemas sociales, políticos y económicos a esta nueva realidad.

Simplificando mucho, el panorama sociopolítico y económico evolucionó como sigue. La revolución industrial supuso un enorme aumento de la producción de bienes. El rendimiento en la producción mediante la utilización de máquinas en los procesos industriales aportó una abundante oferta de productos a bajo precio y el crecimiento del consumo de los mismos. El aumento enorme de la oferta debía ser absorbido por la demanda interna y mediante el aumento de la exportación para evitar situaciones de crisis económica.

Paralelamente crecía la necesidad de materias primas y energía para seguir aumentando la oferta. La expansión colonial fue la consecuencia lógica de este nuevo modelo económico. Se inició un proceso de reparto del mundo para satisfacer las necesidades de materias primas y de los nuevos mercados que requería el capitalismo incipiente. Nace la época de las grandes potencias y el imperialismo y comienza el sistema de retroalimentación positiva producción-consumo-crecimiento que caracteriza la economía actual. La defensa de las colonias en un mundo casi totalmente repartido exigía la creación de poderosos ejércitos.

Esta escalada en el aumento de poder y las enemistades ancestrales entre naciones europeas desembocaron en la primera guerra mundial y continuaron con la segunda y la guerra fría. La caída del bloque soviético y las innovaciones en las telecomunicaciones, con la aparición de Internet a la cabeza que posibilita la inmediatez de las transacciones financieras, culmina la expansión global del capitalismo. Este hecho, unido a la desaparición de toda forma de intervencionismo económico, nos han llevado al modelo de globalización neoliberal actual, cuya base es un sistema económico de crecimiento continuo que actualmente diezma los últimos recursos naturales y energéticos del planeta, mientras la pesadilla maltusiana de una demografía desbocada sigue su curso.

El modelo de crecimiento continuo o la cuadratura del círculo entrópico.


Tradicionalmente un modelo económico sería un sistema cíclico que podría parecerse de forma simplificada al de esta figura:



Pero esta imagen ignora totalmente los aspectos físicos de la actividad económica. El ciclo no está impulsado por una fuente de energía externa. Hoy en día los economistas asumen un modelo económico que incorpora una descripción física de la economía, incorporando al medio ambiente como generador del flujo económico.



Pero reflexionemos sobre esta figura.

Como hemos visto en la primera parte, la actividad económica no escapa a las leyes de la física: el estado de organización de la economía sólo se incrementa (es decir, sólo mantiene baja su entropía) en tanto en cuanto disminuye el del sistema en su conjunto (que avanza hacia una mayor entropía). En palabras de Georgescu-Roegen “en términos de entropía, el coste de cualquier empresa económica o biológica es siempre mayor que el producto que obtiene, de forma que las actividades necesarias para llevarla a cabo reflejan necesariamente este déficit termodinámico”. O dicho de otro modo, hay que incorporar energía al proceso económico para producir bienes de baja entropía, a costa de aumentar la entropía del medio ambiente (residuos, calor).

Según una visión global de la segunda ley de la termodinámica, es fácil deducir que todos los sistemas complejos altamente ordenados, se desarrollan y crecen (incrementan su orden interno), necesariamente a expensas de incrementar el desorden de niveles superiores en la jerarquía del conjunto de sistemas.

La economía humana es un sistema altamente ordenado, complejo y dinámico. Es un subsistema abierto contenido por la biosfera. Así pues, el funcionamiento de la economía depende de la materia-energía de baja entropía de la biosfera y de su capacidad de asimilación y transformación de los residuos. O lo que es lo mismo, el crecimiento continuo del proceso productivo sólo es posible a base de incrementar el desorden (entropía) en la biosfera.

Respecto a la materia, la biosfera es un sistema cerrado. Pero en términos de energía el sistema es abierto: el flujo de radiación solar que llega es continuo y crucial. La radiación solar es energía de baja entropía que queda disponible en la biosfera a través del mayor y más eficiente sistema de transformación de energía en materia: la fotosíntesis, sin la cual, no existiríamos. Como dijimos, el problema entrópico es irresoluble para un sistema cerrado, pero afortunadamente vemos que el planeta no es un sistema cerrado gracias al astro rey que todas las culturas adoran, y ya sabemos por qué.

Los combustibles fósiles o la biomasa, la energía eólica o la hidraúlica, además evidentemente de la energía solar directa, son recursos energéticos que en última instancia provienen del sol. Efectivamente, los combustibles fósiles son energía solar concentrada por organismos vivos durante miles de años. Y todo el sistema bioclimático del planeta es activado gracias a la energía solar. Las únicas fuentes de origen estrictamente no solar son la energía nuclear (que recordemos es una fuente no renovable) y la geotérmica. Así pues, la energía solar es la única razón por la cual existe todo sistema organizado de baja entropía en la biosfera, como los seres vivos o nuestro sistema económico.

Nicholas Gerogescu-Roegen, al cual debemos el análisis que incorporó el concepto de entropía a los procesos económicos, propuso un modelo que comienza con el reconocimiento de que la naturaleza contribuye con un flujo de recursos naturales de baja entropía. Según este, las materias primas son transformadas por un caudal de capital y trabajo que no viene físicamente incorporado al producto. El capital y trabajo constituye la causa eficiente de la riqueza, y los recursos naturales la causa material. Los caudales de trabajo y capital se gastan y reemplazan en largos períodos de tiempo, sin embargo los flujos de los recursos se consumen (transforman) en productos en cortos períodos de tiempo. Existe una posibilidad de sustitución significativa entre estos dos caudales, trabajo y capital, o entre los flujos de recursos, por ejemplo, aluminio por cobre o carbón por gas natural, pero hay muy poca sustitución entre caudales y flujos.

Los caudales y los flujos, las causas eficientes y las materiales, son complementos, no sustitutos, en el proceso de producción. Dicho de otro modo: se puede construir la misma casa con menos carpinteros, menos dinero y más sierras mecánicas, pero ni la cantidad de carpinteros ni la de las sierras mecánicas disminuirán en mucho la cantidad de madera ni la de clavos. Por supuesto, se pueden usar ladrillos en vez de madera, pero esto sería la sustitución de un flujo de recursos por otro, en vez de la sustitución de un caudal por un flujo.

Como hemos visto, tenemos dos fuentes básicas de baja entropía: la solar y la terrestre (que indirectamente proviene en su mayoría del sol). La energía solar tiene unas reservas prácticamente ilimitadas pero es de naturaleza difusa e intermitente. La fuente terrestre (los combustibles fósiles, los minerales, las materias primas) está estrictamente limitada en la dimensión de sus reservas, pero se puede usar al ritmo que nos convenga y con márgenes muy amplios. La industrialización representa una mudanza de una dependencia básica de la fuente solar abundante (en forma de alimentos que nos proporciona la biosfera y que el esfuerzo del músculo humano o animal transforma en trabajo mecánico), hacia una mayor dependencia de la limitada fuente de recursos terrestres, para aprovechar el ritmo variable de explotación que podemos tener con estos. Basado solamente en esta consideración, Georgescu-Roegen pudo predecir, ya en los años 60, cuando la mayoría de los economistas hablaban de alimentar al mundo con petróleo, que terminaría sucediendo una sustitución justamente opuesta: que terminaríamos moviendo nuestros coches con alcohol de las cosechas de alimentos que capturan la luz solar.

Ahora podemos ver de forma clara como la actividad económica es entrópica. Los recursos naturales (la materia-energía de baja entropía) se agrupan, se procesan y se convierten en bienes y servicios. En cada paso de este proceso, se producen residuos y se consume energía. La cantidad de materia prima es igual a la cantidad de residuos más los productos que posteriormente se convierten también en residuos, pero las dos cantidades son cualitativamente diferentes. La diferencia se mide en términos de entropía. La producción económica es totalmente dependiente de la disponibilidad de insumos de baja entropía y tiene como resultado una disminución de energía disponible. No es suficiente con la primera ley de la termodinámica (conservación de la energía) por mucho que se empeñen muchos economistas para cerrar un ciclo materia/energía – producción – consumo – residuos/reciclaje, ya que en cada vuelta del ciclo hemos perdido energía útil.

La tecnología ha permitido a la economía humana dejar en suspenso, temporalmente, su dependencia de los insumos de origen solar de baja entropía y de bajo ritmo de explotación mediante la explotación masiva de los combustibles fósiles y otros recursos no renovables. Pero la tecnología no puede abolir la segunda ley de la termodinámica.

Conscientes del problema y con la consolidación del concepto de desarrollo sostenible, los economistas han incorporado actualmente en el modelo el criterio del “ahorro termodinámico”: la idea de reducir el consumo de potencial termodinámico en el ciclo de producción. En este sentido, podemos considerar tres políticas:
mejorar el reciclaje,
ampliar la vida útil de los bienes,
y mejorar la eficiencia termodinámica del proceso productivo.
Dada la tecnología actual, el reciclado es el que proporciona los menores ahorros. No podemos obviar que los residuos no pueden convertirse en recursos a menos que apliquemos una fuente externa de energía. Si bien el reciclaje es deseable en términos ambientales, entrópicamente no soluciona gran cosa.

La ampliación de la vida útil del producto tendría un impacto importante en la disminución del problema de la entropía, pero exigiría sin embargo un cambio en las técnicas de fabricación y los hábitos del consumo. Algo que, como podemos comprobar a diario, no le gusta nada a un sistema económico de crecimiento continuo: los productos son cada vez menos duraderos, y la cultura del usar y tirar y de la renovación permanente se estimula desde una poderosísima maquinaria publicitaria al servicio del consumo creciente, base y fundamento de este modelo.

Respecto al último punto, aumentar la eficiencia del proceso productivo, puede suponer un ahorro muy importante para un nivel de producción dado. Pero todo ahorro, en un sistema esquizofrénico de crecimiento y expansión, conlleva frecuentemente un incremento en la producción. Esto es lo que se llama la paradoja de Jevons: aumentar la eficiencia disminuye el consumo instantáneo pero incrementa el uso del modelo, lo que provoca un incremento del consumo global. Es decir, a medida que el perfeccionamiento tecnológico aumenta la eficiencia con la que se usa un recurso, lo más probable es que aumente el consumo de dicho recurso. Por ejemplo, si compráramos un coche que consumiera la mitad de gasolina, probablemente utilizaríamos más el coche que antes.

No digo que todo esto no sean soluciones al problema termodinámico, al contrario, son políticas muy necesarias. Sin embargo lo que cuestiono es el sistema en el que se implementan estas políticas: el del crecimiento continuo. Es esta forma de entender el mundo la que las hace prácticamente ineficaces, cuando no incompatibles. He aquí el gran dilema, la incompatibilidad física entre el crecimiento continuo y el ahorro termodinámico. Y cualquier intento de conciliar ambos conceptos es pura demagogia, de ahí la gran crítica, como veremos, al concepto de desarrollo sostenible.

A veces, desde sectores bien intencionados del movimiento ecologista, se apuesta por la energía solar como solución milagro para alimentar eternamente el ciclo económico. Es cierto que esta energía es la que capacita a la biosfera para convertir residuos de alta entropía en recursos de baja entropía, superando así las restricciones de la segunda ley. En este sentido, es crucial una política de residuos biodegradables ampliamente extendida. Y, por supuesto, contamos con su captación directa mediante tecnología solar. Sin embargo, la transición a infraestructuras recolectoras de energía solar requiere también mucha energía (que hoy por hoy proviene de fuentes no renovables en su inmensa mayoría). Y por otro lado, la magnitud del consumo energético de la sociedad moderna superaría con mucho la capacidad de generación de un hipotético sistema de producción de energía solar masivo. Lo que no quiere decir en absoluto que no sea fundamental la inversión en este sector como parte importante de una solución futura, especialmente en un escenario de modelo económico decreciente. Pero no seamos ingenuos, hoy por hoy, la energía solar no nos va a resolver la papeleta ni en nuestros sueños más optimistas.

Por último, hay que mencionar el factor demográfico. De hecho es el factor limitante. Antes de la revolución industrial, la cantidad de población que había sobre la tierra podría haber estado abastecida indefinidamente con los recursos naturales del planeta, quizás incluso a un nivel económico y de consumo postindustrial, porque la tasa de renovación de los recursos era más que suficiente.

Sin embargo, a la revolución industrial ha seguido la pesadilla de un crecimiento demográfico desbocado, a la par que un aumento en el consumo de recursos per cápita imparable alentado por la espiral del crecimiento continuo. Antes de la revolución industrial, digamos en 1800, la población mundial no llegaba a los mil millones de habitantes. En 1960, se había triplicado, pasando a los tres mil millones. Hoy en día, nos acercamos a los siete mil millones, previstos para 2012. En lo que yo llevo de vida (¡y todavía soy joven!) la población ha aumentado en… ¡¡¡3.200 millones!!!

A falta del descubrimiento de una fuente de energía continua, la opción del decrecimiento se perfila como la única alternativa lógica a la entropía económica. Este puede llegar de forma brutal, trágica y desequilibrada en forma de crisis, desempleo masivo, carestía de productos esenciales o guerras por recursos. O bien podemos enfrentar la situación de forma racional, justa y solidaria implementando un modelo decreciente en la planificación económica.

Decrecimiento, hacia un nuevo paradigma económico.


Ante todo, el Decrecimiento no es una simple inversión del proceso económico. Una disminución del consumo y de la producción sin una adaptación del modelo tendría probablemente consecuencias catastróficas en nuestra sociedad. Se trata de implementar de forma gradual, controlada y asimétrica una disminución de la producción económica.

Cuando digo asimétrica quiero decir que no todos los sectores ni todos los países deben disminuir su producción. Es evidente que no se le puede proponer a los países en vías de desarrollo, que aspiran legítimamente a mejorar su condiciones de vida como lo han hecho los países enriquecidos, que no sólo no deben aumentar su crecimiento económico sino que además tienen que decrecer. A nadie se le ocurriría semejante disparate. El decrecimiento se dirige a los países más industrializados, que además se han enriquecido, y lo siguen haciendo, en gran parte, a expensas de los recursos naturales de los países empobrecidos. Se trata de buscar una convergencia donde encontrarnos para avanzar juntos hacia un nuevo paradigma económico coherente con la capacidad de regeneración de la biosfera.


El objetivo principal sería sobre todo acabar con la idea del crecimiento por el crecimiento, de asociar el bienestar y la calidad de vida con el incremento del consumo. No se trata sencillamente de consumir menos, sino de forma diferente y en equilibrio con la naturaleza.

Parece obvio, aunque todavía haya gente que le cueste asumirlo, que un sistema económico de crecimiento ilimitado en un planeta de recursos limitados es inviable. En este sentido es útil el concepto de huella ecológica, un indicador que corresponde al área de territorio ecológicamente productivo (cultivos, pastos, bosques o ecosistemas acuáticos) necesaria para sustentar a una población dada con un modo de vida específico de forma indefinida. Esta herramienta, evalúa el impacto sobre el planeta de un determinado modo de vida comparado con su capacidad de regeneración.

Desde un punto de vista global se ha estimado en 1,8 hectáreas la biocapacidad del planeta por cada habitante, o lo que es lo mismo, si tuviéramos que repartir el terreno productivo de la tierra en partes iguales nos corresponderían 1,8 hectáreas por habitante para satisfacer todas nuestras necesidades durante un año. Con los datos de 2005, el consumo medio por habitante y año es de 2,7 hectáreas, por lo que, a nivel global, estamos consumiendo mucho más recursos y generando más residuos de los que el planeta puede generar y admitir.

Con los datos del 2005, por grupos de países la huella ecológica se distribuye como sigue:
6.4 para países de ingresos altos
1.9 para países de ingresos medios
0.8 para países de ingresos bajos
En los extremos tenemos a EEUU, cuyos habitantes consumen 9.6 hectáreas para mantener su modo de vida, y a la india, con 0.8 hectáreas.

Como vemos, el consumo de los recursos y la producción de residuos no se reparte de forma equitativa. Además, los países de mayores ingresos consumen en parte los recursos de los países de menores ingresos. Es por esta razón puramente ética que el decrecimiento ha de ser asimétrico y se refiere a los países ricos.
Esta asimetría también se puede aplicar a los diferentes sectores de la producción. Hay sectores que son grandes consumidores de recursos y que generan muchos residuos: automoción, infraestructuras de comunicación y transporte, determinadas industrias, construcción, etc. en contraposición a otros sectores mucho menos “agresivos” como la educación, la cultura, el ocio, etc. generadores de bienestar y que la económia no contabiliza de la misma manera en sus indicadores.

Se podría identificar esta búsqueda de convergencia hacia un nivel de sostenibilidad con el concepto de desarrollo sostenible (tan de moda actualmente entre políticos y economistas y tan denostado hace tan sólo 15 años, ¡quién les ha visto y quién les ve!). Para los ideólogos del decrecimiento, como Serge Latouche, este término es un oximorón: es decir, un nuevo concepto creado a partir de dos conceptos opuestos. En efecto, si asociamos desarrollo con crecimiento, que como hemos visto es insostenible, el término desarrollo sostenible encierra una contradicción en sí mismo. Por esta razón, los decrecentistas hablan también de decrecimiento sostenible.

La puesta en práctica de esta reducción en el consumo, requiere una reasociación conceptos y un cambio en la escala de valores. Calidad de vida no significa aumento de consumo material, sino que se asocia a la satisfacción de las necesidades humanas básicas: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, identidad, libertad, ocio, participación y creación. Poder adquisitivo y nivel de vida se contraponen al concepto de simplicidad voluntaria. La sostenibilidad no es sólo cuestión de ecoeficiencia sino de suficiencia humana y sobriedad. Seguramente habrá un impacto en el empleo y serán necesarias duras reconversiones, además de buscar nuevas fórmulas del reparto del trabajo y aprender a vivir mejor con menos.

Serge Latouche propone como los pilares del decrecimiento o el modelo de las “8 R” los siguientes conceptos:
Reevaluar: sustituir los valores globales, individualistas y consumistas por valores locales, de cooperación y humanistas.
Reconceptualizar: a una nueva visión del estilo de vida, calidad de vida, suficiencia y simplicidad voluntaria.
Reestructurar: adaptar el aparato de producción y las relaciones sociales en función de la nueva escala de valores, como por ejemplo, combinar ecoeficiencia y simplicidad voluntaria.
Relocalizar: llamamiento a la autosuficiencia local para satisfacer las necesidades prioritarias disminuyendo el consumo en transporte.
Redistribuir: el reparto de la riqueza, sobre todo en las relaciones entre el norte y el sur.
Reducir: con respecto al cambio del estilo de vida consumista al estilo de vida sencilla.
Reutilizar y reciclar: alargar el tiempo de vida de los productos para evitar el consumo y el despilfarro (recordemos el gran impacto que esto tiene sobre el ahorro termodinámico).
El decrecimiento no es una meta en sí mismo, sino un camino a seguir consistente en reducir los ritmos de consumo energético y material hasta un nivel acorde con la capacidad de regeneración del planeta, para posteriormente continuar con una etapa acrecentista que permita cubrir las necesidades básicas. En términos termodinámicos, esto equivale a disminuir el aumento de entropía del sistema para llegar a una situación de equilibrio termodinámico con la capacidad de regeneración de recursos de baja entropía por parte de la biosfera.

Nadie dice que esto sea sencillo… ni siquiera posible. Pero es imperativo intentarlo. Y es necesaria la implicación de todos los actores de la sociedad para construir un nuevo paradigma económico necesitado de nuevos y sólidos cimientos políticos, técnicos y filosóficos.

Hemos llegado a una situación de sobreconsumo y despilfarro que ni siquiera aporta lo único que al fin y al cabo importa, pasar por este mundo siendo lo más felices posible. Muy al contrario, asistimos a un aumento de las situaciones de insatisfacción, ansiedad, depresión y estrés en las sociedades más ricas. Y todo ello a costa de un mayor empobrecimiento de gran parte de la humanidad.

Tarde o temprano es inevitable una situación de decrecimiento. El planeta se nos ha quedado pequeño, como nunca antes había ocurrido en la historia. Podemos elegir entre ser nosotros los gestores de esta nueva situación o dejar que sea la regulación ciega y salvaje del mercado y el colapso medioambiental el que condene a una buena parte de la población. Y en este sentido hay que señalar que somos cada uno de nosotros, como individuos hacia los que se dirige toda acción de producción y donde termina toda acción de consumo, los que con nuestra forma de estar en el mundo podemos iniciar el cambio. El activismo más revolucionario empieza por nosotros mismos, por cambiar nuestra forma de vida por una simplicidad voluntaria que rechace todo consumo innecesario para nuestro verdadero bienestar. Somos nosotros el verdadero motor de la maquinaria económica y en nuestra mano está el desacelerar para provocar el cambio. No podemos esperar de los políticos la iniciativa, ya que actúan con plazos electorales y financiados en gran medida por los agentes económicos, pero sí su conversión inevitable si el cambio se generaliza.

La verdad es que me podría haber ahorrado todo este rollo diciendo simplemente que la fiesta toca a su fin, que ya no queda champán y se están acabando los canapés, que prácticamente ya sólo hay cacahuetes y cerveza calentorra en vaso de plástico, que el DJ no deja de repetir música machacona y las mismas frases vacías animando a un baile de autómatas borrachos, algunos de los cuales se van al baño a vomitar mientras los organizadores hacen caja y, lo más triste de todo, que nos vamos a quedar sin echar un polvo… que era a lo que realmente habíamos venido. Por no hablar de la resaca.

Sin embargo, prefiero terminar este artículo con los últimos párrafos de la conocida carta que el jefe indio Seattle de la tribu Dewamish envió en 1855 al presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, en respuesta a la oferta de compra de sus tierras, actual Estado de Washington:

“… Esto lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo.


Lo que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. Lo sabemos. Todas las cosas están relacionadas como la sangre que une a una familia.”


“… Si contamináis vuestra cama, moriréis alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios. Pero aún en vuestra hora final os sentiréis iluminados por la idea de que Dios os trajo a estas tierras y os dio el dominio sobre ellas y sobre el hombre de piel roja con algún propósito especial. Tal destino es un misterio para nosotros porque no comprendemos lo que será cuando los búfalos hayan sido exterminados, cuando los caballos salvajes hayan sido domados, cuando los recónditos rincones de los bosques exhalen el olor a muchos hombres y cuando la vista hacia las verdes colinas esté cerrada por un enjambre de alambres parlantes.


¿Dónde está el espeso bosque? Desapareció.
¿Dónde está el águila? Desapareció.
Así termina la vida y comienza la supervivencia…”

martes, 6 de diciembre de 2011

El futuro de la movilidad

Car Sharing o autos compartidos, es un modelo de alquiler de automóviles en el que el usuario alquila el vehículo por cortos períodos de tiempo, habitualmente por una hora. Es atractivo para aquellos clientes que quieran hacer uso ocasional de un vehículo tanto como para aquellas otras que quieran un acceso puntual a un tipo de coche diferente al que usan día a día. La organización del carsharing puede ser llevada a cabo por una empresa o por un conjunto de usuarios que conformen una asociación democráticamente controlada. Hoy en día existen más de seiscientas ciudades en el mundo donde la gente puede utilizar estos servicios.
Actualmente existen muchas barreras sociales y económicas que nos impiden llegar a un modelo diferente al que tenemos actualmente, pero sin duda el futuro pasa por dejar de poseer vehículos y alquilarlos sólo cuando los necesitemos. (por supuesto el concepto de "alquiler" será totalmente reinventado)

Todo este nuevo escenario supone un cambio de infraestructuras (puntos de recogida y entrega de vehículos con sistemas de recarga eléctrico, aplicaciones en los smartphones / tablets que permitan localizar y vehículos disponibles, talleres especializados en función del combustible o fuente de energia utilizada, ...)

Y dentro de este cambio también tenemos que tener en cuenta que:

Cada vez habrá un menor numero de coches en las ciudades

Estos coches serán cada vez más pequeños y menos potentes

Serán coches mas seguros, y con dispositivos que evitaran accidentes

Estos coches dejaran de pertenecer a particulares para pasar a pertenecer a flotas

Crecerá el numero de ciudadanos con carnet de conducir, pero sin vehículo propio, ya que en función del trayecto (urbanos, interurbanos, ....) decidirán contratar los servicios de diferentes tipos de vehículo.

sábado, 29 de octubre de 2011

Enric Duran

El 17 de septiembre de 2008 Enric Duran da a conocer el artículo titulado He “robado” 492.000 euros a quienes más nos roban para denunciarlos y construir alternativas de sociedad por medio de internet y de la publicación Cris.
En el artículo explica el procedimiento seguido. Enric pidió 68 préstamos diferentes a 39 entidades financieras con las excusas más diversas; comprar un coche, reformar su casa, etc. Además creó una empresa fantasma y falsificó algunos documentos necesarios para justificar ingresos. Así consiguió que el sistema de control de créditos no detectara este endeudamiento exagerado.
Al publicar su acción, anunció también que se trasladaría a otro continente para mantener su libertad frente a las posibles denuncias. Para ello, se reservó, según sus propias palabras 8.000 euros del dinero expropiado para sobrevivir durante el tiempo que fuera necesario. Sin embargo no descartaba ir a prisión, en caso de juzgarlo oportuno, como medio de dar más resonancia a su protesta.
En un principio, algunos de los bancos estafados comunicaron que las cantidades estafadas eran pequeñas. El director general de Caixa Sabadell, Jordi Mestre, explicó en un comunicado que estaban a la espera de que la Fiscalía catalana realizara alguna actuación.3 Sin embargo, la Fiscalia anunció que esperaría a las denuncias para abrir diligencias. Algunas entidades reconocieron en contactos informales con la policía catalana la veracidad de esta estafa.10 La primera empresa en denunciar fue la multinacional francesa de hipermercados Carrefour1
El 17 de octubre de 2008, un mes después de publicar la estafa, emitió un comunicado en el que, ante la falta de proceso contra él, se preguntaba si las entidades implicadas no querrían acallar el caso. En este comunicado, titulado Puesto que se ha demostrado quienes son los que roban, pronto volveré a la actividad pública, denuncia las ayudas de 2 billones de euros otorgadas por los gobiernos de los EE. UU. y la UE al sector financiero con dinero público. Así, afirma que se ha demostrado que políticos y banqueros van de la mano, para expoliar la riqueza de la gente. Por último anunció que, ante el intento de silenciarle, saldría de la clandestinidad y volvería a la actividad pública al cabo de poco tiempo. Por otro lado, ante el escepticismo de algunos sectores, publicó un video en el que daba un paseo virtual por las cuentas ligadas a los créditos con la intención de probar la veracidad de la acción anunciada.
El mismo día 17, 18 entidades financieras denunciaron por impago a Enric Duran. Algunas entidades además habían enviado cartas al activista recordándole sus deudas y avisándole de su inclusión en el fichero de morosos de de la Asociación Nacional de Establecimientos Financieros de Crédito (Asnef) o en Badexcug.




Eduardo Galeano

Eduardo Galeano esperiodista y escritor Uruguayo

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente

sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!
¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!
¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
¡¡ Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)
No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan .
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De “por ahí” vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo”, pasarse al ' “compre y bote que ya se viene el modelo nuevo”. Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!! ¡¡¡Pero por Dios.!!!

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornilla desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: “Cómase el helado y después tire la copita”, nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo, pegatina en el cabello y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la “bruja” como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.
Ayudenme, me cai del mundo y no se por donde se entra......

sábado, 1 de octubre de 2011

blai dalmau

El sistema en que vivimos fue gestado aproximadamente hacia el siglo XV. La interacción de diversos factores indisociables tales como la expansión del comercio mundial, la colonización de América y el surgimiento de la burguesía contribuyeron a que se formaran nuevas ideas, nuevas instituciones y una nueva fuerza rectora, la economía de mercado, que gradualmente quebrantaron los moldes del antiguo régimen y reorganizaron la sociedad con nuevos paradigmas. Los gremios, las castas, el poder aristocrático y el imaginario religioso entraron en disolución y quedaron obsoletos a medida que emergieron los elementos constitutivos del sistema capitalista. Podemos fechar hacia mediados del siglo XVIII el advenimiento definitivo de este sistema, con la revolución industrial en Inglaterra, la revolución francesa, los federalistas americanos que fundaron las bases de la democracia representativa…


La sociedad comenzó así una gran transformación que consistió básicamente en la separación de política, economía y sociedad civil: “un mercado autorregulado requiere nada menos que la separación institucional de la sociedad en una esfera económica y una política”. La institución de la economía de mercado adquirió paulatinamente un poder omnipresente, un carácter autónomo y autorregulado, con sus dinámicas propias: mercantilización del trabajo, la tierra y de todo aquello susceptible de ser trasformado en mercancía; acumulación de capital y concentración progresiva de poder en pocas manos, etc. Simultáneamente surgió la clase obrera, formada por antiguos artesanos y campesinos, ahora desposeídos de los medios de producción básicos para procurar su subsistencia independiente, y por ello, obligados a vender su fuerza de trabajo en el incipiente mercado manufacturero. Aparecen también los sindicatos, las leyes proteccionistas y de seguridad social, como contraparte y como lucha para imponer límites a las crecientes fuerzas -a menudo dislocadoras y devastadoras- de la economía de mercado:


“La dinámica de la sociedad moderna estuvo gobernada durante un siglo por un movimiento doble: el mercado se expandía de continuo, pero este movimiento se vio contrarestado por otro que frenó la expansión en direcciones definidas. Tal movimiento contrario era vital para la protección de la sociedad, pero en última instancia resultaba incompatible con la autorregulación del mercado, y por ende con el propio sistema de mercado”


Además, este nuevo sistema se caracterizó enseguida por una nueva visión de la naturaleza. Tal como observa Heidegger, en la modernidad, por primera vez el ser humano empieza a contemplar su entorno como un almacén de recursos disponibles para su uso. Los filósofos de la ilustración estaban orgullosos de que la sociedad naciente dominase, transformase y explotase la naturaleza según las finalidades del crecimiento económico y del desarrollo técnico e industrial. Este fue un punto esencial del nuevo imaginario que acompañaba a la nueva sociedad capitalista, una sociedad y un imaginario que dura hasta nuestros días.


La economía del crecimiento

Uno de los rasgos esenciales del sistema capitalista es la necesidad del crecimiento económico: dentro del desarrollo normal y “saludable” de la economía de mercado, la producción y el consumo se expanden cada año. Deben expandirse. De lo contrario, la sociedad entra en una crisis que desata graves problemas económicos y sociales. Así pues, la economía de mercado tiene una dinámica que podemos denominar de “crecer-o-morir”. Todas las empresas tienen como objetivo prioritario aumentar las ganancias y todos los gobiernos qua administran el sistema procuran acrecentar el PIB cada año. Así, vemos como el crecimiento económico exponencial ha sido la norma en los últimos dos siglos, salvo en excepcionales periodos de crisis. Vemos también como el crecimiento constituye un motivo principal del imaginario dominante:


“Toda la humanidad comulga en la misma creencia. Los ricos la celebran, los pobres aspiran a ella. Un solo dios, el Progreso, un solo dogma, la economía política, un solo edén, la opulencia, un solo rito, el consumo, una sola plegaria: Nuestro crecimiento que estas en los cielos… En todos lados, la religión del exceso reverencia los mismos santos -desarrollo, tecnología, mercancía, velocidad, frenesí-, persigue los mismos heréticos -los que están fuera de la lógica del rendimiento y del productivismo-, dispensa una misma moral -tener, nunca suficiente, abusar, nunca demasiado, tirar, sin moderación, luego volver a empezar, otra vez y siempre. Un espectro puebla sus noches: la depresión del consumo. Una pesadilla le obsesiona: los sobresaltos del producto interior bruto.”



Sin embargo, esta necesidad del crecimiento por el crecimiento, lejos de ser una panacea de abundancia y felicidad, conlleva notorios efectos adversos: engendra una buena cantidad de desigualdades e injusticias; crea un bienestar considerablemente ilusorio; no suscita ni para los propios “pudientes” una sociedad convivencial, sino una sociedad enferma de su riqueza; destruye y degrada la naturaleza de forma devastadora, hasta el punto de que amenaza la misma supervivencia humana a medio plazo. Obviamente, el crecimiento se motiva mediante la acumulación de capital y la beligerancia comercial generalizada, la cual cosa crea un clima de hostilidad y separación de intereses, y una alienación de la gran masa de la población respecto a la esfera pública, a favor de una elite cada vez más reducida y poderosa. Esto comporta innumerables y crecientes problemáticas sociales, psicológicas, culturales, etc. Como señala Serge Latouche:


“El desarrollo económico, lejos de ser el remedio a los problemas sociales y ecológicos que desgarran el planeta, es el origen del mal. Debe ser analizado y denunciado como tal. Incluso la reproducción duradera de nuestro sistema depredador no es ya posible.”


Cabe añadir que aunque quisiéramos, no podríamos pretender que la expansión de la producción y el consumo que hemos vivido en los últimos dos siglos se mantenga infinitamente. Los recursos naturales en que se basa el crecimiento económico son finitos. Por ello, no hay que ser visionario para entender que tarde o temprano la finitud del planeta limitara el crecimiento cada vez más acelerado que requiere la economía de mercado. Cuando esto suceda, la economía de mercado entrará en una profunda crisis, pues no es un sistema preparado para asimilar positivamente el descrecimiento. Como veremos a continuación, este punto está muy próximo. La economía del crecimiento por el crecimiento no solo es indeseable, sino que, a principios del nuevo milenio, empieza a ser imposible.


El fin del crecimiento

Como es sabido, el petróleo es la energía que sustenta el mundo contemporáneo: el transporte, la producción y circulación de mercancías dependen casi totalmente de esta materia prima. Cada yacimiento de petróleo explotado, en determinado momento, llega a su cenit, es decir, el momento en que no se puede continuar extrayendo más cantidad de crudo como se viene haciendo, sino que la capacidad de extracción empieza a declinar. Así, llega un punto en que se alcanza el cenit de la producción mundial de petróleo. Este momento esta previsto desde los años 50 que será alrededor del 2010. Según los datos, en efecto, desde 2005 se ha alcanzado una parada de la extracción, que ya no aumenta, sino que se mantiene más o menos constante. Por ello, centenares de científicos y miles de ciudadanos de todo el mundo, advierten que hemos entrado en la antesala de una crisis de gran magnitud, provocada por el choque entre la necesidad de crecimiento del sistema y la realidad geológica, que pone limites a este crecimiento:


“En conjunto no hay un sustituto para el petróleo debido a su alta densidad energética, la facilidad de su manejo, la multiplicidad de sus usos y los volúmenes en que ahora lo usamos. El pico de la producción mundial de petróleo, con el consiguiente e irreversible declive, será un punto de inflexión en la historia de la Tierra cuyo impacto mundial sobrepasará todo cuanto se ha visto hasta ahora. Y es seguro que ese acontecimiento tendrá lugar durante la vida de la mayoría de las personas que viven hoy.”


El decrecimiento es una necesidad absoluta en nuestra época, impuesta por los límites planetarios, por el agotamiento de los recursos (sobretodo del petróleo, pero también, un poco después, del gas, el carbón, el uranio y otros minerales). Si estuviéramos en otro tipo de sociedad decrecer no tendría porque suponer un problema, pero dentro de los marcos de la economía de mercado, decrecer equivale a entrar en depresión económica, e incluso, posiblemente, como argumentan muchos comentaristas, llegar al colapso sistémico. En cualquier caso, hay que tener presente que la crisis producida por el cenit del petróleo no es temporal como lo han sido otras, sino que es un punto de inflexión, un cambio de época: marca la entrada a la era del decrecimiento.


“El pico del oro negro afectará de lleno al crecimiento económico, iniciándose como dice Heinberg (2007) una profunda recesión sin fondo y sin fin. Un siglo de decrecimiento económico global está a punto de empezar. Es decir, el decrecimiento del flujo energético global será un verdadero torpedo en la línea de la flotación del actual capitalismo globalizado, basado en la necesidad de crecimiento y acumulación constante. La Naturaleza, y más en concreto su geología, pondrá finalmente límite a este loco crecimiento “sin fin”, y se iniciará la Era del Decrecimiento. Y esto ocurrirá muy pronto, quizás antes de 2010, o en torno a esa fecha.”


Dado que el sistema capitalista y la economía de mercado no están preparados para decrecer serena y virtuosamente, tarde o temprano, en el transcurso de la gran crisis sistémica que estamos comenzando, será preciso iniciar profundos cambios individuales, colectivos y políticos. Estos cambios implican una salida de las inercias y las dinámicas del régimen capitalista. Presumiblemente, la estructura de este sistema se disolverá y entrara en obsolescencia a medida que se manifieste su incompatibilidad con la nueva era del decrecimiento. Este proceso debería ir aparejado del florecimiento de los elementos constitutivos de una nueva sociedad, que a su vez, contribuirán a acelerar el agonizante proceso de disolución del anterior sistema. Así pues, los seres humanos debemos empezar a encontrar e instituir una nueva forma de organización social, acorde a la nueva era del decrecimiento. Tal como declaraba recientemente un analista del mundo contemporáneo:


“Podemos aseverar con confianza que el presente sistema no sobrevivirá. Lo que no podemos predecir es cuál nuevo orden será el elegido para reempezarlo, porque este será el resultado de una infinidad de presiones individuales. Pero tarde o temprano, un nuevo sistema se instalará. No será un sistema capitalista pero puede ser algo mucho peor (aún más polarizado y jerárquico) o algo mucho mejor (relativamente democrático y relativamente igualitario) que dicho sistema. Decidir un nuevo sistema es la lucha política mundial más importante de nuestros tiempos”


Tiempos revueltos

La depresión global del sistema capitalista esta ya en marcha. Rozando el cenit del petróleo, empezamos a notar los estragos de la crisis del crecimiento: mayor desigualdad, precariedad, desempleo, recortes en prestaciones sociales, malestar… Como dice una frase ya bastante conocida, “no hay nada peor que el decrecimiento en una sociedad de crecimiento”. Por ello, a medida que se agudice la crisis probablemente emerja una oleada de movilizaciones, huelgas y revueltas (las recientes revueltas en Grecia y las movilizaciones de trabajadores despedidos pueden ser solo el principio).


Pero en este periodo histórico que inauguramos, será preciso, tarde o temprano, pasar de la protesta al contrapoder, de la reivindicación a la auto-institución, de la crítica al criterio de construcción. Una nueva sociedad, genuinamente liberada de la necesidad del crecimiento, deberá florecer para superar el estadio de crisis. A medida que la inteligencia colectiva comprenda que ya no hay nada que reivindicar a un sistema obsoleto, cuyas dinámicas son incapaces de satisfacer la necesidad de un decrecimiento virtuoso y armónico, se deberá suscitar una transición hacia nuevos modelos sociales.


¿Turno para la verdadera democracia?

La modernidad se ha caracterizado por el desarrollo del capitalismo, pero también por los ideales de libertad, igualdad, fraternidad, democracia y racionalidad, proclamados durante la revolución francesa y aún presentes en el imaginario colectivo -ya sea de forma subyacente o de forma explicita. Así, a diferencia de otras épocas, el valor democrático goza hoy de una aprobación casi universal. Sin embargo, la economía de mercado conlleva una concentración progresiva del poder y riqueza en pocas manos, lo cual es una dinámica muy poco compatible con la verdadera democracia. Así, la economía del crecimiento/mercado ha preponderado y pasado por encima del valor de la democracia, y esta última ha quedado relegada a un segundo plano, como un ideal frustrado de nuestra época, al que, sin embargo, se recurre para calificar y justificar al sistema establecido.


Pero el desdén popular por la actual “democracia” es precisamente el reflejo de su crisis y su fundamentado descrédito. Lejos de establecer el “poder del pueblo”, el régimen actual otorga a la ciudadanía una influencia muy reducida en las decisiones, y en todo caso, sobre detalles irrisorios, dado que el consenso neoliberal de todos los partidos hace que las cuestiones fundamentales permanezcan intocables, y dado que en última instancia, no son los gobiernos quien controla la economía, sino la economía, dominada por los intereses de las grandes corporaciones trasnacionales y financieras, quien dicta las normas imperativas que los estados apoyan y promueven.


Sin embargo, en el transcurso de la crisis sistémica, ante la necesidad de instituir nuevos modelos sociales, es lógico pensar que el verdadero significado de la democracia aparezca de nuevo en escena, buscando su realización. La previsible disolución y crisis del sistema actualmente vigente es posible que, como ocurrió en la crisis Argentina del 2001, desencadene un proceso de revueltas y de organización de nuevas estructuras económicas, políticas y sociales. Tal como se vio en la crisis argentina, es muy probable que las revueltas populares para hacer frente a la crisis se organicen de forma democrática, mediante asambleas y cooperativas. Sin embargo, pasar de la revuelta espontánea a la institución de una nueva sociedad requiere de un plan o proyecto que abarque los elementos que surgen de los movimientos sociales transformadores y los conduzca hacia una nueva forma de organización social.


El proyecto de la Democracia Inclusiva, desarrollado principalmente por Takis Fotopoulus, surge de esta necesidad y deseo de tomarse al valor democrático en serio, y puede dar respuesta a las necesidades de reorganización social que se abren en la época de crisis que inauguramos. Según pienso, es una propuesta sólida, factible y consistente de sociedad alternativa al capitalismo, que no solo resuelve el problema del crecimiento, sino que supera las problemáticas o crisis propias del capitalismo, instituyendo una forma de sociedad más justa, racional, libre y fraternal.


La verdadera democracia, tal como su nombre indica, es un régimen en que el pueblo controla efectivamente sus condiciones de vida colectiva; una forma de organización social en que el poder está igualmente repartido entre los ciudadanos, que deliberan y deciden colectivamente, sin la inferencia de ningún poder externo, mediante mecanismos auto-instituidos. . El proyecto de la Democracia Inclusiva ofrece un paradigma organizativo que puede llegar a ser una verdadera realización de la democracia. Según pienso, no se trata de una utopía, sino quizás, de la única verdadera salida de la crisis contemporánea.
http://vimeo.com/23561318

miércoles, 28 de septiembre de 2011

LA TEORÍA DE GAIA





El científico James Lovelock, en 1972, formuló una teoría revolucionaria que unificó la teoría de la evolución y la geología, hablando del planeta azul como un organismo autorregulador cuya finalidad es albergar vida. Lo que en un principio parecía ser una simple hipótesis se convirtió en una teoría, que, a pesar de ser la gran desconocida, es actualmente aceptada por la comunidad científica como Ciencias del Sistema Tierra, aunque niega que la finalidad de la autorregulación de nuestro planeta sea la vida.

Al igual que la alquimia evolucionó hacia la química o el geocentrismo dio paso al heliocentrismo es hora de abandonar nuestras antiguas creencias a favor de una nueva mentalidad científica, Gaia.

LA TEORÍA:

La teoría de Gaia se refiere a la Tierra como un organismo autorregulador compuesto por los océanos, las rocas de la superficie, la atmósfera y los seres vivos, formando un sistema que evoluciona conjuntamente, y cuyo objetivo es la regulación de las condiciones de la superficie en función de su habitabilidad, en función de la vida. Este postulado, que ha realizado predicciones correctas y se basa en observaciones y modelos teóricos, procede de la inicial hipótesis de Gaia. Ésta era contraria a la tesis común que afirmaba que la vida se adapta a las condiciones del planeta existentes y que la vida y el planeta evolucionan de forma separada. Una vez matizada, la hipótesis dio lugar a la teoría de Gaia; y la tesis convencional se convirtió en lo que hoy conocemos como la ciencia del sistema Tierra. Se trata de una disciplina dedicada ala estudio de la Tierra por parte de aquellos científicos que opinan que los fenómenos de nuestro planeta no pueden ser explicados por la geología tradicional. La conclusión de que la Tierra es una entidad dinámica en la que lo vivo y lo inerte está relacionado y que posee una autorregulación climática y química constituyó la base de la Declaración de Ámsterdam en 2001.La ciencia del sistema Tierra se diferencia de la Teoría de Lovelock en el presupuesto de un objetivo, mantener el planeta habitable.
La venganza de Gaia, de James Lovelock

http://www.tv3.cat/videos/3109070/James-Lovelock-i-els-problemes-de-Gaia

Faqr

Faqr, : vivir con lo imprescindible, en el Corán, es sinónimo de necesidad, la pobreza, un atributo que los hombres pueden poseer, al mismo tiempo Dios se caracteriza por un atributo que es su opuesto, es decir, la auto-suficiencia. El Corán dice: «¡Oh, eres tú el que tiene necesidad de Dios (fuqara '), y Dios es autosuficiente, el Digno de Alabanza" (xxxv. 16).

Faqr, de acuerdo con el Corán, entonces, es un estado que el hombre debe evitar. "El diablo le amenaza con faqr (la pobreza). .. y obliga a ser avaros, y Dios te promete el perdón de sí mismo y la abundancia. . . "(II, 268). En otras palabras, el estado de faqr es algo que debe evitarse, mientras que su opuesto, llamado Fadl, la abundancia, es algo que es digno de elogio y que Dios concede a los justos.

Pero poco a poco el significado de la palabra faqr fue cambiando en las manos de los místicos, muy probablemente bajo la influencia de los no musulmanes místicos, cristianos y budistas, que fueron respetados y honrados por su piedad, su renuncia al mundo y la devoción a su fe. Como reacción a los cambios sociales y políticos en los primeros siglos de dominación musulmana, la mendicidad parece haberse convertido en una práctica común entre los místicos y, a pesar de la prohibición de la mendicidad por el Profeta, los sufíes no sólo aprobaron esta práctica, sino que la prescribieron para los novicios.
El significado de faqr se fue transformando de nuevo en manos de los sufíes. Esto no significó sólo la pobreza, sino una actitud de indiferencia hacia el mundo, total indiferencia a los problemas sociales y políticos de la época, la negación completa del yo, la huida de lo exterior a lo interior, de lo exotérico a lo esotérico. Esta transformación, por desgracia, ha hecho estragos en la estructura ideológica del Islam y sentó las bases para posteriores quietismo y la mística negativa.

Iqbal, sin embargo, produjo una metamorfosis maravillosa y trató de invertir esta palabra con más atributos en armonía con la base ideológica del Islam. Faqr, en Iqbal, no significa sólo una actitud de desprendimiento, desinterés y indiferencia a la vida mundana tambien indiferente a las vicisitudes de la vida material, es decir un hombre de voluntad fuerte, que tiene una participación moral en la vida social y política de la gente alrededor de él, motivados por el amor por el ideal de la moral y la regeneración espiritual de la humanidad. En la consecución de este ideal, está dispuesto a sacrificarlo todo.


http://kataragama.org/al-faqr.htm

domingo, 4 de septiembre de 2011

Disvalor

Fue en 1968 cuando pensadores como Ivan Illich utilizaron por primera vez este concepto enmarcado en una crítica al economicismo. El disvalor se refiere a las pérdidas que no se pueden calcular en términos económicos. El filósofo alemán, conocido iconoclasta, puso como ejemplo la imposibilidad de estimar desde la economía la pérdida que le supone a un individuo la ausencia de pies en un mundo dominado por el automóvil: «El economista no tiene ningún medio de valorar qué le pasa a una persona que pierde el uso efectivo de sus pies porque el automóvil ejerce un monopolio radical sobre la locomoción». En la misma línea, otros autores critican la incapacidad de la economía para calcular el valor de los factores que aumentan el bienestar, como el tiempo libre.

Factor 4

Podemos ser cuatro veces más eficientes. En 1972, un informe elaborado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) por encargo del Club de Roma dejó atónito al mundo al plantear que el crecimiento ilimitado no era posible en un mundo limitado. Casi 15 años después, el Club de Roma encargó un nuevo informe, esta vez escrito por A. Lovins, autor del negavatio, y E.U. von Weizsäker, del Instituto Wuppertal de Alemania. El informe afirmaba que con la tecnología disponible era posible multiplicar por cuatro la eficiencia e incluso aumentar el bienestar reduciendo a la mitad el consumo de los recursos y conservando el resto. Pero la eficiencia tiene un temido efecto rebote conocido como la paradoja de Jevons que hace que el consumo de un recurso aumente cuando se incrementa su eficiencia.

Entropía

. El economista rumano Nicholas Georgescu-Roegen fue el padre de la economía ecológica o bioeconomía, por lo que es tenido también como maestro por los teóricos del decrecimiento. Georgescu se replanteó la validez de la economía neoclásica –la vigente– al estar ésta desvinculada de la realidad física y biológica. La gran novedad de este teórico revolucionario fue incorporar a la economía las leyes de la termodinámica. Concretamente, Georgescu se basó en la entropía (segundo principio de la termodinámica) para hablar de la inevitable escasez económica: toda producción supone una reducción de la energía. El crecimiento era, pues, perjudicial y paradójico, por estar destinado a terminar con los recursos, necesarios precisamente, para crecer.

negavatio

El negavatio es la unidad con la que medimos el ahorro y la eficiencia energética. No debemos subestimar su poder porque es una medida muy efectiva con la que podemos conseguir beneficios económicos y ecológicos. El negavatio es una herramienta sencilla de utilizar, todos nosotros podemos usarla en nuestra vida diaria para conseguir un sisterma energético mejor y más sostenible. El concepto fue creado por Amory Lovins, que preside el prestigioso think-tank ecologista americano Rocky Mountain Institute y es una de las figuras más reconocidas del movimiento internacional por la sostenibilidad.



http://www.ecologiablog.com/post/174/negavatio-el-poder-del-ahorro-energetico

sencillez voluntaria

Adoptar la simplicidad como modo de vida es el lema de varios de los movimientos que surgen paralelos al decrecimiento. Uno de ellos es el downshifting (rebajar nuestro ritmo de vida), muy similar (y de hecho se han unido) al movimiento Slow (apología de lo pausado). El estilo de vida slow o downshifted supone trabajar menos y dedicar más tiempo al bienestar: a estar con amigos y familia, a comer despacio, a pasear y deleitarse. Las posibilidades de lograr un downshift son más altas en las ciudades pequeñas (según el movimiento Slow, con poblaciones de no más de 60.000 habitantes). Se trata de cambiar el esquema de valores y el orden de prioridades en una sociedad en la que se dedica hasta diez veces más horas al trabajo que a los hijos.

Aparigraha

                                         


Aparigraha es el concepto de la no- posesión , es tanto un concepto Jain, del Raja Yoga o Ashtanga Yoga. El término por lo general significa limitar las posesiones a lo que es necesario o importante.. Es uno de los cinco principios del jainismo, así como Ahimsa (no violencia), Asteya (no robar), Brahmacharya (celibato), y Anekantvada (multiplicidad de puntos de vista) . También es uno de los cinco votos limitados. En la tradición de Raja Yoga, es uno de los Yamas o códigos de autocontrol, junto con Ahimsa (no violencia), Satya (veracidad), Asteya (no robar), y la castidad (celibato). Aparigraha significa tomar lo que es verdaderamente necesario y no más. Este concepto también es válido cuando se aplica para los regalos que no deben ser aceptados.



http://www.youtube.com/watch?v=WZvnhyRwres

domingo, 24 de julio de 2011

Masdar City

Proyecto de la futura Masdar City, ciudad artificial pero ecológica.
Masdar City, la primera ciudad autosustentable y autoabastecida del planeta, ubicada a treinta kilómetros del Aeropuerto Internacional en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos. El diseño está dirigido por Norman Foster bajo su gabinete de diseño y arqutiectura “Foster & Partners”. El proyecto fue anunciado en el 2006 por el jeque Mohammed Bin Zayed Al Nahyan con la previsión de que la misma esté lista para el 2015 y esté disponible para unos cincuenta mil habitantes.

Será la primer ciudad ecológica del mundo, regida bajo sus tres principales determinaciones que son cero residuos, libre de carbono y libre de combustibles fósiles; sirviendo como ejemplo para que todas las futuras ciudades se desarrollen de la misma manera. Donde se desarrollará con la mejor calidad de vida con el menor impacto posible al ambiente.

La ciudad tiene un diseño 100% bioclimático, las edificaciones están hechas para el ahorro de energía con espacios verdes alrededor que permiten al peatón el disfrute al caminar a través de la ciudad. El diseño del metro que interconecta internamente la ciudad está diseñado para no tener que caminar más de 250m para llegar al mismo, dejando de lado el ingreso de automóviles que serán detenidos en los límites de la ciudad.

La ciudad permitirá la subsistencia de sus habitantes sin la necesidad de salir de ella, con educación, alimentación, diversión y trabajo. Esperamos la pronta inauguración de esta ciudad que será el ejemplo para muchas otras para ayudar este planeta.http://ecococos.blogspot.com/2011/01/masdar-abu-dhabi-eau-foster-partners.html

sonrie-o-muere

Como todo lo que tiene un gran éxito, la teoría del pensamiento positivo tiene una parte que es verdadera. Siempre será mejor tener una actitud optimista que ser un cenizo, pero sin perder el sentido de la perspectiva respecto a nuestras posibilidades y a la necesidad de esfuerzo para conseguir nuestras metas.

http://almacosta.wordpress.com/2011/02/14/libros-sonrie-o-muere-como-el-pensamiento-positivo-engano-a-america-y-al-mundo-por-barbara-ehrenreich/

Crecer, crecer, crecer

De unos siglos atrás, parece que la economía sólo dependa del crecimiento de la facturación. Somos giroscópicos, como las bicicletas, que ganan equilibrio incrementando velocidad. Hasta que el peligro no viene de la falta de estabilidad, sino de la velocidad excesiva "...
Estas palabras del propio Ramon Folch en la contraportada de 'La quimera del crecimiento’ definen el eje central de este ensayo, publicado por RBA -y en catalán por La Magrana-, que quiere ser una aportación rigurosa al pensamiento sostenibilista, entendido como proyecto socioambiental, económico y tecnocientífico.

'La quimera del crecimiento' muestra, sin denunciar ni profetizar, como las disfunciones ambientales, sobre todo las de carácter global, no son otra cosa que disfunciones sociales y económicas. El autor enfatiza el papel determinante que la energía tendrá en los inevitables cambios que se avecinan y da pistas para entender el sistema que une la compleja realidad planetaria, incomprensible desde las sesgadas aproximaciones sectoriales a que solemos recurrir, convencidos de que una análisis lo suficientemente profunda ya no es necesario que sea ancha.

Ramon Folch, socioecólogo de larga trayectoria, propone la manera de transitar de la vieja sociedad industrial hacia un futuro postindustrial beneficioso para todos, dibujando contornos muy claros de un futuro colectivo diferente, un futuro que ya es un incipiente presente enfrentado con la inercia y la resistencia de los que se aferran a un pasado que fue futuro dos siglo atrás.