sábado, 6 de octubre de 2012

Ana Távora Rivero

Ana Távora Rivero es Psiquiatra, psicoterapeuta y coordinadora de la Unidad de Salud Mental Comunitaria de Santa Fe (Granada). Investigadora de estudios sobre salud mental en mujeres víctimas de violencia y sobre el amor de pareja y la salud mental de las mujeres «El ideal de cómo debe ser una mujer afecta a la salud de muchas» Entrevista a la psiquiatra Ana távora, publicada en La Nueva España. E. CAMPO / lne.es / Ricardo Solís Ana Távora, psiquiatra, dice que existe una relación entre la incorporación de los valores dominantes sobre la mujer y su malestar psíquico. Esas premisas se traducen en ideas como que ser buena equivale a no sentir agresividad, ser madre equivale a organizarse desde el amor y la importancia de los afectos y ser esposa supone controlar la sexualidad. La doctora, coordinadora del equipo de Salud Mental de Santa Fe (Granada), considera que esos valores llevan a las mujeres a priorizar la relación con los otros como clave en su construcción como sujeto, lo que dificulta el proceso de individualización. Távora ofreció una conferencia titulada «La importancia del amor de pareja en la construcción de la identidad de las mujeres» en el Centro de Profesorado y Recursos -CPR- de Avilés. -¿Qué tiene de peculiar el tratamiento de salud mental con mujeres? -Tiene algo especial si el profesional intuye de alguna manera que el hecho de ser mujer o de ser hombre tiene una influencia. La distinción es consecuencia del esquema de referencia con el que trabajo, que se basa en que el enfermar de las mujeres está relacionado con el lugar social que se les ha adjudicado. El mundo externo ha organizado su mundo interno, y las mujeres adoptan o se moldean según ese ideal del sistema social, lo que, en muchos casos, les produce sufrimiento y les hace enfermar. Están condicionadas por ese ideal de «la mujer» que anula la diversidad en las mujeres. -¿Cuál es ese ideal de mujer? -Se supone que tenemos que ser buenas, cuidadoras, centrarnos especialmente en los hijos y en la pareja, el trabajo tiene que ser menos importante que las relaciones afectivas, y debemos atender las necesidades de los demás antes que las propias. Es una idea de lo que tenemos que ser que, en la medida que las mujeres lo incumplen, afecta a su salud. Y eso es así porque existen mecanismos muy sutiles para que tú hagas tuya esa construcción social, el poder plantea una manera de ser que te vende como buena y tú la interiorizas. -Y romper con esas normas supone trastornos. -No siempre, hay mujeres que se adaptan al sistema social y no tienen ningún tipo de conflicto, porque lo asumen como propio. Pero hay otras que dicen, por ejemplo: «No, yo no quiero ser cuidadora». Es entonces cuando surge el conflicto porque una parte de ella piensa que si no cuida no es una buena mujer, pero que si realiza los cuidados no puede realizarse como persona. Según mi experiencia profesional, es muy difícil decir no al sistema social y quedarse con toda tranquilidad, sin culpa ni conflictos. -¿Cómo son esos conflictos? -La mayoría vive una situación de conflicto que en muchos casos no se percibe. Realicé una investigación con grupos de médicas, y alguna comentaba que no debería estar allí, sino con su hija. Tienen el conflicto, pero no lo resuelven. Hay mujeres que acuden a Salud Mental sin pensar que hay conflicto -dicen estar a gusto siendo amas de casa- pero sufren los síntomas, como crisis de pánico cuando van a hacer la compra al supermercado. -¿Y qué papel desempeña el amor en todo esto? -Tres investigadoras estamos realizando un proyecto de investigación sobre el amor y las prácticas de las mujeres. Es muy importante la relación entre el amor pasional y determinados problemas en la vida de las mujeres. El amor de pareja se prioriza como algo que da la identidad. La relación con un hombre es imprescindible para su definición, y cuanto más central es esa idea más dificultades existen para desplegar sus otras capacidades. La idea de que la pareja es lo más importante no sólo la tienen amas de casa, la tienen desde chicas de 17-18 años que no tienen novio y sienten que son menos que las demás, o mujeres que siendo independientes te dicen: «Es que estoy sola». Si se potencia que para constituirte como mujer lo central es que te quieran y que tú quieras, y tener una relación de pareja, eso lleva a sobrevalorizar lo afectivo. -¿Está relacionada esa tiranía de lo afectivo con los malos tratos? -Existe en la medida en que las mujeres que son víctimas de violencia no pueden elaborar el hecho de que el amor de pareja no sea el lugar donde ellas pueden encontrar lo que les falta, es decir, están empeñadas en encontrar algo en la pareja -lo afectivo, lo pasional- porque consideran que lo que les falta tiene que venir necesariamente de que un hombre las quiera. Y aunque ese hombre está mostrándole diariamente que le hace daño, la fantasía de que pueda llenar las carencias que ella tiene le hace seguir en la relación en contra de lo que le conviene. -Hablamos de dominación -Jessica Benjamin dice que la dominación es un deseo de los subordinados. Llega un momento en que el hecho de ser dominada se convierte en un deseo. La única manera de sacar a la mujer de esa situación de víctima es trabajar con ellas para poder desvelar las relaciones que existen entre la centralidad de lo afectivo y la frecuencia de los sentimientos de insatisfacción, partiendo de la base de que tu salud mejora en la medida que sientes que puedes gestionar tu propia vida. -¿Cómo es la relación emocional de las mujeres respecto a sus parejas? -Las mujeres necesitan reflexionar sobre su relación con los hombres. Muchas gastan sus energías en dar a los hombres el soporte emocional que necesitan, y no es una relación recíproca. Ellos tienen problemas que no saben resolver, en relación con el tipo de identidades que entran en conflicto con su identidad como hombres. Según Jonadostir, las mujeres, para cubrir sus carencias, se dedican a darles los aportes que ellos necesitan para seguir siendo sujetos, y sujetos públicos, de forma que ellos utilizan estos aportes para poder seguir siendo hombres públicos, mientras que las mujeres no reciben nada a cambio. -¿Qué papel tiene la educación? -Lo tiene, sobre todo, desde una dimensión preventiva. Los profesionales de la educación deben incorporar aspectos como la perspectiva de género o la psicología social para poder velar que el tipo de interacciones que se dan entre los chicos y las chicas sean relaciones donde se organicen vínculos igualitarios.

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