lunes, 28 de abril de 2014

Confucionismo

El término Confucianismo fue usado por primera vez por misioneros jesuitas en el siglo XVI, y sirve desde entonces para designar el pensamiento de Confucio (551-479 a.C.). Las enseñanzas de éste contienen mucho más una ética y un humanismo que una religión propiamente dicha. Confucio no era un profeta ni pretendía comunicar ninguna revelación de lo alto. Era un hombre profundamente tradicional, que se enorgullecía de ser un transmisor y un amante de la antigüedad. Sus doctrinas contribuyen a mantener vivos los cultos de veneración de los antepasados, y el llamado culto del cielo, referido a los emperadores. La cultura confuciana se apoya en la naturaleza moral del hombre, que trata de desarrollar con una especial atención a las relaciones humanas. El espíritu de estas enseñanzas contempla un orden sagrado que gobierna tanto la vida de la sociedad como la vida de la naturaleza. Este orden cósmico deriva de los fundadores de la civilización china y se refleja en los ritos sagrados de los que Confucio era un reverente y asiduo cultivador. Pero la obra de Confucio no se limita a idealizar el pasado. Su enseñanza apunta a transformar las viejas concepciones rituales en un orden ético que ha llegado a ser el corazón de la cultura china. No basta con mantener el orden externo del ritual y de la ley si el hombre no se conforma también a ese orden con una plena adhesión de su mente y de su voluntad. Confucio advierte que sin las virtudes personales de bondad desinteresada, sinceridad y lealtad, la veneración y práctica de los ritos tradicionales carece de eficacia espiritual. La educación confuciana apunta así a crear no simples intelectuales sino hombres moralmente distinguidos. El acento del Confucianismo no se coloca en lo esotérico ni tampoco en lo sobrenatural, sino en los ritos, en el comportamiento personal, y en el cumplimiento de los deberes sociales. Cada hombre ha de cumplir honestamente su obligación en el estado y situación de vida al que ha sido llamado por el cielo. La exaltación de la piedad filial, como la gran virtud enseñada por Confucio, ha suministrado una base firme para la autoridad paterna en el orden social confuciano. A Confucio se atribuyen los Analecta, una guía de instrucción moral que insiste en el gobierno de la sociedad a través de un sistema cuidadosamente definido de relaciones sociales y familiares. Los Analecta fueron traducidos al latín por misioneros de la Compañía de Jesús en el siglo XVII. El Confucianismo se extendió al Vietnam y al Japón, donde muchos shintoistas y budistas se declaran también confucianos.

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